jueves, 7 de enero de 2010

Andy's memories & heart

Prometí escribir esta historia en uno de los momentos más perfectos de esta relación… que a pesar de su inicio y final, quedará grabada para siempre en mi memoria y corazón. A pesar de no tener una identidad completa, poseo corazón y pensamiento propios, los que me permiten escribir esto.

Una historia que no debería ser escrita….
I. A Hidden Love

—¿de verdad crees que parezco una rosa?
—sí, eres igual a ellas… hermoso… pero dañino. Aún así me gustas
Pude sentir un golpe de culpabilidad. Observé aquellos ojos celestes….
—perdón pero tengo…
—Eso no importa —me interrumpió— que tengas novio no me impide quererte y que ese sentimiento vaya creciendo…
—¡no! no… no quiero hacerte daño… —le observé suplicante. Me dolía ver esto, no quería provocar eso en él…
—no lo haces a sabiendas —rió amargamente— eres… tan hermoso…
Observé su triste expresión con algo extraño que crecía en mi pecho. Por un momento deseé socorrerlo, abrazarlo y decirle que algún día podría corresponderle…
Pero aquello era imposible. Mi corazón estaba rebosantemente ocupado por unas hermosas esmeraldas y no necesitaba nada más.
—Deberías alejarte de mí —solté, llevándole toda la contraria a lo que dictaba mi corazón.
—Um… sí, tienes razón —me observó fijamente sin darme tiempo para esconder la contrariedad que me infundaron sus palabras, me gustaba su compañía y disfrutaba de sus eternos halagos… no podía evitarlo.
—busca una persona… que pueda corresponderte de la forma en que yo no puedo —inflé mis mejillas, no quería alejarlo de mí… ¿Por qué tenía que gustarle? Bufé, realmente me gustaba su compañía.
—Digamos que tengo una vena de masoquismo que no me permite alejarme de ti… —me observó con una sonrisa. Yo intenté mantener mi expresión fría.
—realmente disfruto de tu compañía, no me gustaría tenerte lejos… he encontrado un amigo que me ayuda a sobrepasar mis problemas… pero te estoy haciendo daño y no busco eso…. Yo… —apreté mis labios y decidí decirle todo de inmediato— eres un chico muy guapo… si te hubiera conocido en otro momento me habrías gustado y quien sabe… a lo mejor tu estarías aquí —apunté a mi pecho.
Pude vislumbrar como la esperanza se encendía en sus hermosos ojos celestes, y sentí rabia hacia mi mismo, había metido la pata.
—Yo… entonces esperaré —había tanta resolución en su voz que realmente quise golpearme a mí mismo.
—no, yo no dije eso, no…
—shh… —me interrumpió, acercando peligrosamente sus labios a los míos. Me alejé un poco, pero sus calidas manos apresaron mi cuerpo y me quedé inmóvil, con el miedo a flor de piel y mi corazón latiendo muy rápido… su aliento rozaba mis labios y mis ojos no podían despegarse de los suyos… pude percibir aquel aroma parecido al de un niño como nunca antes… y sus labios tocaron los míos. Cerré con lentitud mis ojos ante aquellos dulces y suaves roces, pude percibir su avidez y triunfo en aquellos trémulos labios, que se movían con delicadeza, esperando por un atisbo de aceptación en los míos. Sus manos acercaron más mi cuerpo al suyo y no opuse ninguna resistencia, pude sentir todo su calor y mis labios al fin respondieron a los suyos.

Mordí mis uñas y me sentí un completo hipócrita los días siguientes. No podía permitirme volver a verlo después de eso por lo que comencé a tratarlo con una hostilidad que quemaba, podía ver el dolor ante mi desagradable actitud y me odiaba un poco más a mí mismo. Pero así debía ser, nada había funcionado para que se alejara de mí y después de lo ocurrido ese día, él se apegaba aún más a mí, no estaba dispuesto a dejarme ningún momento solo, diciendo cada vez cosas más hermosas que me derretían… pero yo sabía que no iba a corresponderle, sólo estaba dándole alicientes para aumentar mi ego sabiendo muy bien que mi corazón no iba a pertenecerle nunca, por la simple razón de que amaba con todas mis fuerzas a otra persona, la que nunca se alejaría de mí, mi perfecto príncipe azul… aquel que siempre me tendría entre sus brazos…
Mi hostilidad no duró mucho, no podía ser desagradable con una persona tan dulce y tierna como él… por lo que nuestra ‘amistad’ perduró, a pesar de que yo no volví a permitirle ningún tipo de acercamiento… al parecer ya se iba resignando lo que me pareció bien.
Fue cuando mi mundo perfecto se vino abajo.
Estaba enfermo…. Y mis esmeraldas ya no estaban a mi lado... las habían alejado de mí y yo me encontraba solo, sin nadie que me abrazara y dijera que me amaba.
Aquellos ojos celestes acudieron en mi ayuda… pero no de la forma de antes. Él mantenía el espacio que le había pedido hace mucho, había dejado de intentar ganarse un espacio más allá en mi corazón… se comportaba como el más perfecto de los amigos… sin ninguna otra intención. Supuse que lo hacía porque yo se lo había pedido, y mi corazón aún sufría agonizante por la perdida de mi príncipe, y él me consoló con algo de reticencia, como si no concibiera que yo sufriera por mi desterrado príncipe. No pensaba en darle luz verde… aún, el sufrimiento estaba latente, al igual que el remordimiento. Pero luego de unas semanas en las que él se comportó con algo de frialdad hacia mí, decidí que… podíamos intentarlo… a lo mejor él sería mi nuevo príncipe… ¿Quién sabe? Había un orificio en mi corazón que pedía ser rellenado y a lo mejor aquellos ojos celestes querrían ocuparlo.
Lo busqué y descubrí la razón por la que se había comportado así conmigo, porque se había alejado.
Había hecho lo que yo le había pedido hace mucho, antes de saber que mi vida daría un vuelco tan horrible…
Mi vida había perdido sentido, mi príncipe azul se había ido y aquel que tanto me había prometido el cielo, el mar y las estrellas, ya había encontrado a quien entregárselas ante mi rechazo.
Sentí mucha ira en mi interior, hacia mi mismo… pero no todo estaba perdido, hablaría con él… si de verdad me había amado tanto… estaría dispuesto a luchar por mí de nuevo… ¿o no? si yo estuviera tan enamorado de alguien y sé que él está solo y además me da la oportunidad de estar a su lado, yo correría sin importarme nada…

Pero no fue así. Me dijo que había entendido que yo no le correspondería y se lamentó al ver que ahora si sería posible… pero que no podía porque ya estaba con otra persona.
Lo detesté, quise matarlo en ese momento. ¡Que mentiroso tan grande era él! Se lo dije, le espeté esas palabras y le prometí que nunca volvería a verme… y que si eso ocurría le dejaría en claro cuanto lo detestaba por haberme ilusionado y engañado con sus vacías y vanas palabras.
Me sentí humillado, había sido un idiota al creer en sus palabras y además de pensar que podría reemplazar a mi perfecto príncipe… ¿realmente lo había pensado? Ese ser mentiroso y falso no podía llegar a compararse con mi amado. Me avergoncé de mi mismo al haberle creído.
Entonces ¿Qué hacía yo ahí? Me fui y decidí seguir un tratamiento que supuestamente sanaría mi enfermedad… en la más terrible soledad…
Yo, una hermosa y perfecta rosa no merecía estar solo, menos en este momento que peligraba marchitarme para siempre…
Luego de tanta espera él apareció, mi príncipe visitó mi lecho de muerte y me pidió que fuera fuerte… ya no faltaba mucho, la espera ya casi llegaba a su fin y sus esmeraldas me observaban suplicantes… le prometí ser fuerte, para cuando volviera yo estaría sano, y seríamos de nuevo la pareja perfecta en una nube de amor, lejos del mundo y falsedades…
Ya no tenía ningún otro objetivo que sanarme y construir un mundo perfecto a su vuelta, lo ansiaba, deseaba y esperaba… sufrí crisis ante el recuerdo de aquellos falsos ojos celestes por los que casi caí… ¿Cómo pude…?
Me detestaba a mí mismo, pero más a él que me había engatusado con sus palabras falsas, sólo había sido un capricho más, uno de los que no pudo conseguir y sentí orgulloso al no haber caído… completamente.
Volví y sentí el apoyo de viejos amigos, los que habían sido testigos de mi amor por mi príncipe y también testigos del capricho del otro.
Fue cuando le vi. Yo estaba en la cocina, conversando con una amiga cuando él apareció. Le observé con intenso odio, un odio que parecía salir de mi cuerpo y llenar la atmosfera. Él pareció percatarse y me observó, como desafiándome.
—Mejor me voy de aquí —dijo con un tono que me provocó…
—Cobarde —susurré con la ira y desprecio cargado en cada silaba. Él se giró y me observó con la sorpresa en sus ojos.
—¿Qué dijiste?
—ha, que aparte de mentiroso, eres cobarde —susurré con voz aterciopelada que dejaba entrever aún más el desprecio que me causaba.
Y se desató todo…
Al parecer las palabras hirientes no eran suficientes y al poco rato ya nos habíamos envuelto en una pelea de golpes, con más palabras hirientes, podía ver su sorpresa aun latente al verme actuar así, pude hasta vislumbrar el dolor que le provocaba que yo le odiara de esa forma.
¿Por qué lo odiaba tanto? ¿Por qué quería destruir a esos ojos celestes para que nunca observaran a nadie más? ¿Por qué quería reventar esos hermosos labios?
La respuesta llegó a mí como un latigazo cuando me alejaron de él y observé el trabajo de mis puños.
Realmente lo deseé, realmente quise poseer su corazón, quise que fuera mío, que se convirtiera en mi príncipe, quise que sus palabras fueran verdad y que hubiera permanecido a mi lado… pero su falsedad me dañó, me dañó de verdad… no fue sólo un golpe a mi ego y orgullo, sino también a mí corazón… él había logrado su propósito de llevarse un pedazo de mi corazón… un pedacito que quería seguir creciendo, pero que se vio abruptamente cortado por sus palabras falsas…
¡Cuánto hubiese querido que fuera verdad todo lo que me dijo!

CONTINUARÁ

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